Sobre cómo conocí virtualmente a Manu Velasco y su recomendación literaria: La Pedagogía del Caracol

No recuerdo con exactitud el momento en el que tuve el placer de conocer virtualmente al maestro Manu Velasco. Quizás una de sus citas ilustradas que circulan por Twitter, tal vez de manera casual googleando... Lo cierto es que desde entonces suelo visitar su blog. Me gusta la gente creativa, que arriesga y hace cosas diferentes, que ama la educación y que pone todo su empeño en intentar cambiar lo que necesita ser mejorado.

Una noche de verano en 2014 accedí a revisar mi perfil de @educaRial. Vacaciones sí, pero Twitter no admite descanso. Es una de mis sanas e ininterrumpidas costumbres. Por entonces ya era seguidor de Manu. Me encontré con uno de sus tuits, al que decidí darle forma y difundir personalmente de la siguiente manera:

Pensé que sería buena idea seguir su consejo y no tardé demasiado en adquirir el primer título, La Pedagogía del Caracol. Su autor, Gianfranco Zavalloni, es director de escuela y maestro rural de educación infantil ligado al movimiento de la escuela creativa.

A lo largo de sus 230 páginas nos plantea una visión educativa que apuesta por la lentitud. Se trata de una obra imprescindible que todo maestro debería conocer. Aunque comparto muchos de sus planteamientos, debo reconocer que tiene matices. Hay aspectos que admiten discrepancia, merecen ser analizados y debatidos más a fondo. Si todavía no lo has leído  te invito a hacerlo. ¡Date la oportunidad de reflexionar sobre el sentido del tiempo educativo y la necesidad de adoptar estrategias de ralentización! Hacer, pero con sentido, ésta es la finalidad. Y según el autor, “para hacer con sentido es preciso dar tiempo a las personas. No hay mejor manera de perder el tiempo que alimentando un sistema educativo que consiente aprendizajes efímeros e innecesarios”.

«Vivimos en la época del tiempo sin espera. Las teorías psicológicas están de acuerdo en que una de las diferencias entre niños y adultos reside en el hecho de que los niños viven según el principio del placer (“todo y ahora”), mientras que los adultos viven según el principio de la realidad (“saber hacer sacrificios hoy para disfrutar mañana”). Yo diría que en la actualidad, los adultos, también en parte a causa de la sociedad del consumismo exacerbado, viven exactamente como los niños, según la modalidad del “lo quiero todo ahora mismo”. ¿Sabremos, entonces, volver a encontrar los tiempos naturales? ¿Sabremos esperar una carta? ¿Sabremos plantar una bellota o una castaña con la certeza de que serán los hijos de los hijos de nuestros hijos quienes disfrutarán de su majestuosidad secular? ¿De verdad sabremos esperar?»

Sabe, director, el otro día mi hija me dijo: «Mamá, los maestros nos dicen siempre que tenemos que apresurarnos, que no podemos perder tiempo, porque debemos seguir adelante. Pero mamá ¿a dónde vamos? ¿Adelante hacia dónde?».

En una sociedad basada en el éxito, el beneficio y el ganar, ¿hemos reflexionado sobre la importancia y el valor pedagógico de “perder”? Perder el tiempo, perder una partida, perder un tren, perder un objeto, perder una cita, perder a alguien, perder y basta…¡perder!”

 
 
 
 
 

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